domingo, 10 de julio de 2011

J.R. Wilcock: No es dramático ser tu esclavo



Y vete, eres demasiado enamorable!

Y vete, eres demasiado enamorable!
Eres demasiada seda para este plástico roto,
demasiadas esmeraldas, hebillas con jabalíes,
y cuando al pestañear te acaricias la mirada
yo Ravenna y Pisa en un asiento
no sé de dónde comenzar a admirarlas,
ni sé conducir con un Tiziano al lado
que de reojo y lejos entre arbolitos
muestra como un secreto un agua azul
pero de un azul que no es más que una idea,
la idea del fondo que está más allá del fondo
de un laberinto como tú de belleza,
que del marfil te lleva a las perlas
y de las perlas a la espuma del mar
y de la espuma... ¡Baja de este auto
eres demasiado enteramente cautivante!


E vattene, sei troppo innamorevole!:

E vattene, sei troppo innamorevole!
Sei troppa seta per questa plastica rotta,
troppi smeraldi, fibbie con cinghiali,
e quando ti carezzi lo sguardo con le ciglia
io Ravenna e Pisa su un sedile
non so da dove cominciare a ammirarle,
né so guidare con un Tiziano accanto
che di sbieco e lontano tra alberelli
mostra come un segreto un'acqua azzurra
ma di un azzurro che non è che un'idea,
l'idea del fondo che sta di là del fondo
di un labirinto come te di bellezza,
che dall'avorio ti porta alle perle
e dalle perle alla schiuma del mare
e dalla schiuma... Scendi da questa macchina,
sei troppo interamente seducente!


Me rindo, soy tuyo, puedes valuarme

Me rindo, soy tuyo, puedes valuarme
y venderme en el mercado en un canasto,
si quieres, de todas formas de la cesta
volveré a ti como un perrito
a hacerme vender de nuevo, pintado
a rayas o a cuadros, una cosa es segura,
este perro no cambia más de amo.
¿Cómo es que yo que gozaba poseyendo
gozo ahora siendo poseído?
¡Patas arriba, perro, panza al aire
cola movida en tu paraíso!
¡Tu divinidad ha dicho tu nombre
y su voz te ha alcanzado la médula!
Ladra, corre, baila: ¡que victoria
total esta rendición incondicional!


Mi arrendo, sono tuo, puoi valutarmi:

Mi arrendo, sono tuo, puoi valutarmi
e vendermi al mercato in un canestro,
se vuoi, tutto sommato dalla cesta
io tornerò da te come un cagnetto
a farmi vendere di nuovo, verniciato
a strisce o a scacchi, una cosa è sicura,
questo cane non cambia più padrone.
Ma io che godevo a possedere
come è che godo a essere posseduto?
Giù sulla schiena, cane, pancia all'aria
scondinzola nel tuo paradiso!
La tua divinità ha detto il tuo nome
e la sua voce ti ha raggiunto il midollo!
Abbaia, corri, balla: che vittoria
totale questa resa incondizionata!


La fama, yo, nunca la he perseguido

La fama, yo, nunca la he perseguido
y ahora persigo a quien la lleva en la mano;
yo que las puertas de la riqueza siempre
vi cerradas, ahora las veo abiertas;
yo que parecía loco y melancólico
me descubro en cambio sabio y alegre. Oh, llama,
aluvión de jaspe y malaquita,
voz de jade de la Opera de Pequín,
paloma, isla errante, cataclismo,
amor que vuelves dulce a quien áspero era,
me has quitado el sueño, la cordura, ¿qué más quieres?


La fama, io, non l'ho mai inseguita:

La fama, io, non l'ho mai inseguita
e adesso inseguo chi la porta in mano;
io che le porte della ricchezza sempre
ho visto chiuse, ora le vedo aperte;
ç io che sembravo folle e malinconico
mi scopro invece saggio e ilare. O fiamma,
 alluvione di diaspro e malachite,
voce di giada dell'Opera di Pechino,
 colomba, isola errante, cataclisma,
 amore che fai dolce chi aspro era,
 mi hai tolto il sonno, il senno, che altro vuoi?


¡Oh no, estoy reducido a lo inefable!

¡Oh no, estoy reducido a lo inefable!
como Dante midiéndose con las luciérnagas
respiro lo indispensable para sobrevivir,
no como, tampoco duermo , estoy en un rincón
con la venda en los ojos para no ver
que no estás donde estoy o peor todavía
que estás y el espacio se ha disuelto,
volviéndose incandescente, radioactivo,
en fin ¡un agujero fundido de universo!
¿Puedes acaso vez atravesar como el neutrino
la tierra entera como si no ocurriera nada?
¿Puedes viajar por el borde de la galaxia
y volver más joven que antes?
¿Puedes, por ejemplo, rozarme con la mano
sin provocar una catástrofe cósmica?


Ah no, sono ridotto all'ineffabile!:

Ah no, sono ridotto all'ineffabile
 come Dante alle prese con le lucciòle,
respiro quel che basta per sopravvivere,
 non mangio, manco dormo, sto in un angolo
 con la benda sugli occhi per non vedere
 che non sei dove sono o peggio ancora
che ci sei e lo spazio si è disciolto,
 diventato rovente, radioattivo,
 insomma un buco fuso di universo!
 Puoi forse attraversare come il neutrino
tutta la terra come se niente fosse?
Puoi viaggiare per l'orlo della galassia
 e ritornare più giovane di prima?
Puoi, per esempio, sfiorarmi con la mano
senza causare una catastrofe cosmica?


No es dramático ser tu esclavo

No es dramático ser tu esclavo
o dependiente, o adorador a destajo,
sólo queda esperar tu capricho
y entretanto constatar la solemnidad
con que se desarrollan los fenómenos diurnos
y nocturnos, los tintes de las nubes,
la peculiar afabilidad de la gente,
la agilidad del aire y los movimientos,
las felices y frecuentes insolaciones,
la callada melodía que se eleva
de una ciudad que mira hacia el Gianicolo,
de donde siempre es posible que tu bajes
riendo en dirección al Tíber que te ama
porque siempre le estás pasando encima.
¿Y quién querría entonces vivir en otra parte,
dejar esta capital enjoyada
por tí, por tí y por ti en cada colina
y puente y ministerio y supermarket,
bajo un batir de alas transparentes
quién no querría llevar tus sandalias?


Non è drammatico essere il tuo schiavo:

Non è drammatico essere il tuo schiavo,
o dipendente, o adoratore a cottimo,
c'è solo da aspettare il tuo capriccio
e nel frattempo constatare la pompa
con cui si svolgono i fenomeni diurni
e notturni, le tinte delle nuvole,
la peculiare affabilità della gente,
l'agilità dell'aria e dei movimenti,
le felici e frequenti insolazioni,
la melodia tacita che si leva
da una città che guarda verso il Gianicolo,
da dove è sempre possibile che tu scenda
ridendo verso il Tevere che ti amaç
prechè gli stai sempre passando sopra.
E chi vorrebbe quindi vivere altrove,
lasciare questa capitale ingemmata
da te, da te e da te in ogni colle
e ponte e ministero e supermarket,
sotto un battito di ali trasparenti
chi non vorrebbe portare i tuoi sandali?

J.R. Wilcock  (argentina 1919-1978)
De: Italienisches Liederbuch  (34 poesías de amor)

Editorial Huesos de jibia
Traducción de Guillermo Piro

jueves, 7 de julio de 2011

Tomás Maver (Buenos Aires,1985): Resplandecen en la tarde africana






Cada lugar…

Cada lugar, por desértico o remoto que sea,
sueña con que aparezcan los viajeros.
No hay sabana, por ejemplo,
que no quiera que la recorran
las ancestrales patas de los elefantes,
sentir ese cosquilleo por kilómetros,
el roce de sus pesadas trompas grises
como dedos peinando los pastizales:
¿quién no quiere ser tocado así?

Y sus pieles agrietadas, cuando finalmente llegan
a los enormes piletones y el agua entra en contacto
con ellas, de golpe, desde ese fondo de cansancio
y aturdimiento, resplandecen en la tarde africana.
¿Cuán largos serán, en su longeva vida de elefantes,
estos instantes atravesados por el milagro?

A través del agua que les corre por el rostro,
se miran. Hay algo de impenetrable en sus miradas.
Ahora, como de un cuerpo amado del cual
deben alejarse para siempre,
se dan vuelta y empiezan a dirigirse,
casi con la misma parsimonia con que llegaron,
hacia los caminos de polvo y arena
donde sus trompas ya empiezan a olfatear
las estaciones de sequía acercándose.
Pero, ¿qué sabana del mundo, por hermosa que sea,
no querría ser sostén de esa desesperación?


Nunca supe…

Nunca supe bien qué responder cuando en el colegio
me preguntaban qué hacía mi papá. Sólo decía: “Hace jugos”.
Pero desde mi cuarto, yo lo oía quejarse con mi mamá
de que había alguien en la oficina que lo maltrataba,
que, aunque fuera grande, de todas maneras lo maltrataban.

Sin embargo, esto mis compañeros no lo sabían.
A ellos se les llenaba la cabeza de ideas con esas dos palabras
que les decía. Él era, de algún modo, tanto para ellos
como para mí, un héroe. Quiero decir, gran parte de su vida
era desconocida incluso para los más cercanos.

Otras veces, a la hora del postre
lo escuchaba hablar de naranjas, del olor de los campos
a la madrugada, de esos viajes que se lo llevaban
lejos de la oficina. Bastaba que dijera “Concordia”
como masticando el sabor de la palabra,
para que yo sintiera que con algo me tenía que reconciliar.
Quizá con que él fuera, siempre, para mí, otra cosa.

¿Cómo es posible acariciar a un padre
que se vuelve tan hermoso y extraño en la mesa
cuando huele con fruición una naranja, entrecerrando los ojos
como si estuviera percibiendo algo que está lejísimo
pero que le llega de algún modo a él y sólo a él?

Yo quisiera que así me llegara mi padre,
con la precisión de los brotes de invierno que él espera.
Yo también quisiera creer en un mundo que, sin motivos
y porque sí, reparte a un tiempo el frío
de los abandonos y el regreso de la fruta.


Viernes 18 de julio de 1931

Horas y horas y más horas.
Y sin embargo, ¿quién puede decir hoy,
viernes 18, sin sentirse de algún modo diferente?
En este preciso momento, por ejemplo,
estoy recibiendo del día, a medida que pasa,
diferentes nerviosismos, obsequios y terrores
sin dejar, por eso, de preguntarme si esta novela
se venderá, gustará, o si yo seré más conocida u olvidada.
Pero ahora, que maravillosa y sencillamente soy Virginia
mirando por la ventana de mi cuarto, necesito
que todos los instantes se abran y dejen paso
a unas pocas palabras, el veredicto de Leonard,
a quien voy a mostrarle primero que todos el libro.
Él y yo sabemos que sólo el amor y la confianza
nos dejan ser frágiles con todas nuestras fuerzas.
Y yo tuve mis crisis y desmayos, y él supo
estar firme incluso cuando no sabía qué hacer.
Sé que en el fondo no necesito su opinión.
Pero la necesito. Y el corazón me tiembla de gozo
al decir esto. Al poder decirlo, finalmente,
sin sentir que estoy atada a alguien. Sobre algo de esto
quise escribir: la fortaleza de los cambios
y la belleza de la fragilidad, las sucesivas
corrientes sin nombre que nos atraviesan.
Todavía hoy, escribiendo este diario,
volviendo hacia atrás las páginas escritas
con mi letra, no dejo de pensar que es como
si nunca hubiera estado ahí, en mi vida,
más que de a ratos, y me pregunto
cómo salí viva de entre tantos hermosos
tormentos, cómo, de pronto, dejaba de ser
yo misma para poder ser otra y otra,
anclada a los cambios y desarraigada.
Oh, Leonard, ¿qué me irás a decir? ¿Qué sucedería
si no te gustara, si sinceramente te pareciera ilegible?
Pero, al mismo tiempo, qué alegría y qué poder también
saber que sufro y me intensifico, que soy un abanico
de personalidades que confluyen, a pesar de los disturbios
de mi mente, para prestar atención, Leonard,
cuando vengas bordeando el jardín, y a los pocos
instantes de verte pasar por esta ventana, entres
a mi cuarto sacándote el sombrero y me digas,
sonriendo: Virginia, ¿cómo lo hiciste?

Tomás Maver: Buenos Aires, 1985
Inéditos